viernes, noviembre 10, 2006

De como era don Quijote


En un pueblo de la Mancha, vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, escudo antiguo, caballo malo y flaco y un perro galgo corredor.
En su casa tenía un ama de más de cuarenta años, una sobrina menor de veinte años y un mozo.
El hidalgo tenía unos cincuenta años era flaco, viejo y feo. Era madrugador y amigo de la caza. Este hidalgo en los ratos libres se dedicaba a leer libros de caballería con mucha dedicación, tanto que se olvidó de la caza y del cuidado de su hacienda. Su locura por estos libros hizo que vendiera parte de su tierra para comprar más libros de caballería.
El pobre caballero perdió el juicio por leer día y noche estas historias. Así fue que por el poco dormir y el mucho leer se le secó el cerebro y se le llenó la cabeza de encantamientos como de batallas, heridas, amores y disparates imposibles.
En su imaginación él pensaba que todo lo que leía era verdad y para él no había otra historia más cierta en el mundo.
Perdido el juicio, le pareció necesario hacerse caballero andante y con sus armas y su caballo irse a buscar aventuras y llevar adelante todo aquello que habia leido en sus libros. Enfrentando el peligro, acabando con todas las ofenzas para así lograr enterno nombre y fama.
Así fue lo primero que hizo limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos. Después fue a ver a su rocín y le pareció que ni siquiera el caballo del Cid se le igualaba.
Demoró cuatro días en encontrar el nombre que le pareciá adequado a su caballo, así fue que lo llamó Rocinante. Luego buscó un nombre para sí mismo y se llamó don Quijote de la Mancha, con el que a su parecer honraba a su patria, como el famoso caballero Amadis de Gaula.
Limpias sus armas, puesto nombre a su rocín y a sí mismo pensó que solamente le faltaba buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era como árbol sin hojas y sin fruto y como cuerpo sin alma. En su fantasía y hablando con sigo mismo, don Quijote se imaginaba vencer a un gigante, el cual le enviaba a su dama, para presentarse explicándole que había sido vencido por el caballero. Cómo se alegró cuando hubo terminado este discurso, y más cuando halló a quien dar el nombre de su dama! Esta era una moza labradora que vivía en un lugar cerca del suyo, de quien él estuvo enamorado, aunque ella jamas lo supo. Ella se llamaba Aldonza Lorenzo, a la cual le dió de señora de sus pensamientos y le buscó un nombre que a su parecer era musical, raro y significativo como para una princesa y gran señora. La llamó Dulcinea del Toboso, porque era natural del Toboso.